UN VIAJE VERTICAL

Es difícil imaginarse a uno mismo en una efímera ingravidez por la caída desde un octavo piso. Todo ocurre con el vértigo de lo irremediable; de la certeza de esta condición pero nada se puede hacer: se está allí y no hay vuelta a fojas cero; tampoco el semiconsuelo de saber que hasta el momento la cosa está yendo como las leyes de la física aseguran que debe ser.

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El viento cual sinfonía estremece el contenido de una mente que se niega a creer lo que está ocurriendo a cada micro segundo en la aventura de un universo que se expande inexorable. Tal vez este viaje en vertical no sea todo lo elegante que debiera: es un manoteo sin sentido ni efecto pero igual se hace como parte de la coreografía por defecto con que los mamíferos sin el don de volar ejecutan en estos trances. Patetismo llevado al extremo, en todo caso.

Excepto para el viajero, todo seguirá igual: las cuentas de la luz y de las tiendas de retail seguirán llegando a los miles de millones de humanos que ignoran esta epopeya vital perdida de antemano y por decisión propia, claudicante en su acepción útima. Un grano de arena más entre las dunas del diario vivir. De las miserias. De la obscenidad en el rugido de un Porsche acelerando por la autopista.

¡Qué frágil es la vida!

Basta un golpe con la suficiente aceleración sobre el pavimento para concluir con toda una historia, borrarla de un plumazo y a otra cosa, mariposa. Miradas, curiosidad, movimientos de reprobación en las cabezas del respetable que por mera casualidad, por estar ahí en el momento preciso, han sido testigos involuntarios del último alarido de liberación propinado a la Humanidad por quien no le quedaban caminos ni luces de guía para continuar con su singladura. No da para titulares. A lo más una pequeña nota en algún noticiero: de relleno, como fué su vida.

Hace muchos años, tiempos cannábicos de melena y pantalones acampanados dijo «en mi lápida quiero que pongan: perdón por haber nacido» ¡Mierda y recontra mierda!

«La vida sigue igual» cantaba Iglesias. Pero no, para mí no seguirá igual. Te echaré de menos hasta que el tiempo, el paso de los años cubra con una costra sanadora tu recuerdo, Pancho.

Entonces te olvidaré y habrás desaparecido para siempre, tal como anhelabas con tu solitario acto.

© Pangolín Insomne 2022.-

2 comentarios sobre “UN VIAJE VERTICAL

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