ESTAR SIN QUERER ESTAR

Palabras y conceptos que mueren de puro ignorarlos antes de ser decodificados; sentidos más no verbalizados en una cadencia de reglas y cómos que le dan un norte a cualquier forma de comunicación. Atronadoras de silencios incontenidos. Siluetas. Sombras y rumor de sombras reptando por las paredes y detrás de los ojos, moviéndose en aparente concierto pero aisladas en el nivel último: en los meandros mucilaginosos de una mente —la mía—, que se resiste a los fármacos y rituales terapéuticos.

Estar sin estar o sin querer estar, más bien. Negarse a creer que a pesar de todo otro maldito día ha comenzado y habrá que cargar con él hasta el rellano salvador del sueño y el olvido de aquel rostro rasurándose frente al espejo, o del tinnitus y la remilputa que no da respiro ni minuto de verdadero silencio. Paréntesis entre dos paréntesis. Desierto dentro de otro desierto. Aridez sofocante en la retahíla interminable de las benzodiazepinas.

Latidos y borborigmos de un algo ininteligible pero ominoso que golpea con machacona persistencia desde el interior como queriendo irrumpir frente a mis narices o las narices de medio mundo, sin el convencimiento suficiente para romper la adictiva inercia del no querer ser ni estar: marasmo del intelecto empantanado en su propio y particular cacao mental.

© Pangolín Insomne 2022.-

2 comentarios sobre “ESTAR SIN QUERER ESTAR

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