ACERCA DE CORNAMENTAS Y OTROS ASUNTOS

Como esponjoso impulso venido desde lo profundo del neocórtex, del páncreas o del manguito rotatorio—da lo mismo—, las ideas se aglutinan y atropellan por salir desde la punta de los dedos y arrojarse en picada sobre el teclado para ver si cuajan en algo. Nada importante, en todo caso. Lo ordinario lindando en la trivialidad de la calle vista desde mi ventana —siempre donde mismo: estática, imperturbable—,si es que no suena o sabe a glosolalia atribuir humanidad a algo como una calle pero, bueno, estoy solo sólo escribiendo y el calor que da botes y reverbera con despiadada insistencia al interior de mi covacha me tiene así: intentando agarrones aleatorios al culo de las musas que burlonas eluden cada uno de mis lances y se retiran a sus inalcanzables peanas, por ahora.

Cogito ergo sum

 ¡ Qué cosas tiene la vida, Flaca!  fué lo único que como fogonazo atravesó mi mente en aquél momento suspendido en el tiempo mientras alejabas tu cara de la mía luego de los «que te vaya bien», «que haya suerte» sellados con un  beso en la mejilla. No dije nada. ¿Qué podría haber dicho? Tanta agua pasó bajo nuestros respectivos puentes  en esos últimos diez años luego de la separación—que el magistrado de nuestra jurisdicción lapidó con un protocolar «están divorciados y ya no hay vínculo de ninguna especie ni nada que agregar o pedir»—, que esas cuatro palabras salidas de tus labios como susurro culpable me conmovieron. Me conmovieron, nada más que eso. Tienes tu vida hecha, lo mismo que yo la mía y lo sabes porque me conoces: una sola línea y no hay vuelta atrás. Te perdoné, Flaca y te lo dije cara a cara una vez que nos encontramos cerca de la plaza de nuestro pueblo; tú, portando el embarazo de tu hijo mayor. Te perdoné el que me hayas confeccionado con dedicación y frialdad una cornamenta de venado que lucí, cándido, un buen tiempo hasta que el asunto reventó y cada cual partió por su propio derrotero. Al final pasó lo que debía pasar dado que la leche derramada está derramada y las confianzas hechas mierda. Con una buena dosis de esfuerzo y rabia, logré reunir los pedazos que de mí había tirados en la cuneta: dejé de sentir lástima por mí mismo y de alguna manera, sentir por tí lo que sentía; así, por inercia acabé perdonándote. Pero no olvidé. Olvidar esas cosas es difícil, Flaca. Así es la vida. ¿Qué se le va a hacer por lo demás?

El tiempo no vuelve—sólo va— y hay que asumir las consecuencias de las cagadas que uno se pueda mandar por eso del libre albedrío, pensé aquella vez que nos juntamos en el Café Barrueto’s para hablar ¿Recuerdas? Quiero el divorcio— dije. Un destello acuoso pasó por tus ojos al tiempo que desviabas la mirada haciendo evidente el temblor de tu voz al contestar «está bien, como quieras». Y de ahí en más el diálogo en torno a trivialidades se apagó y quedaron aquellos expresivos silencios que señalan que ya no hay más vueltas que darle y que lo que había que decir se dijo. También me dí cuenta que tal vez esperabas oír algo diferente.

«Nunca dejé de amarte», susurraste junto a mi oreja mientras salíamos del despacho de Su Señoría.

Esas cuatro palabras cayendo como aldabonazos me hacen ver que en el fondo y a la hora de la raya para la suma, el damnificado no fuí yo.

¡ Qué cosas tiene la vida, Flaca!

© Pangolín Insomne 2022.-

4 comentarios sobre “ACERCA DE CORNAMENTAS Y OTROS ASUNTOS

    1. Y no sólo grises, también tengo algunas más oscuritas: tirando a color de hormiga. A veces me pregunto si Dios (bueno, dios) no me habrá tomado por otro o le habrán ido con cuentos.

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