Monóxidos urbanos y celofán

        Atreverse a mirar con determinado desenfado lo que se supone viene — bueno, malo o peor— adobado en mieles, monóxidos urbanos  y meticulosamente envuelto en celofán de chinos bajo la nomenclatura de «porvenir», «futuro» u otro término del mismo jaez. Como si ya no estuviésemos viviendo el futuro segundo a segundo, gota a gota. Como si ya no lo estuviésemos — observado desde otra perspectiva, fruncido el ceño— muriendo a tranco de oficinista abordando el Metro. Hacerle un berrinche apoteósico, con corte de manga incluído al más ortodoxo estilo napolitano, representando la negativa que emerge desde lo más profundo del sistema de órganos, glándulas y tejidos que conforman ese todo llamado «uno» o » fulano de tal»: me niego a participar en el casting para ese reality/degollina embadurnado de eufemismos para signar ese espacio de tiempo aún de incierta cercanía o lejanía que de una u otra manera independienemente de nuestra filiación religiosa, étnica, política o deportiva. De nuestras preferencias de género incluso, asoma o asomará el morro tras el horizonte del presente ¡Paso, colegas!

      Futuro. Concepto grandilocuente contenedor y cimiento de nirvánico edén. Como la zanahoria atada a un palo y el palo sujeto a los arreos del jamelgo que por más que se empeñe jamás consigue alcanzar pero al menos mientras la ve frente a sus ojos, tiene el consuelo de que tal vez, en una de esas… Y en eso hemos estado, estimadísimos contertulios. Con denuedo e implacable resolución fruto de las semillas que de generación en generación han sido plantadas en nuestros calendarios, perseguimos y seguiremos  persiguiendo la zanahoria aquella, sintiéndonos felices y recompensados de estar sin saberlo, dando palos de ciego a la piñata que cuelga desde el pescante de la calesa que en el cielo transporta nuestros más preciados anhelos.

      En el interín, empero, nos olvidamos del presente. Nos olvidamos de tomar conciencia de la delgada línea sobre la cual nos equilibramos, indolentes funambulistas de circo pobre y patético y repetido hasta el hartazgo; siempre el mismo programa, los mismos artistas y el mismo público con alguna que otra deserción producto de los inevitables y acertados guadañazos de la huesuda.

        El problema no es el futuro, es el presente. El futuro lo podemos esquivar desembarcando voluntariamente antes, por ejemplo: un trozo de cuerda y una viga a nadie ha de faltar… El presente no. Ya estamos hasta los ejes empantanados en él.

© Pangolín Insomne 2022.-

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.