RAGNAR LODBRUK, 862 ANNO DOMINI

vikingos

Perdidos en lontananza, alejados por pétreos anfiteatros de debate, torrentes de conocimiento y en consecuencia, deslumbrados y puestos en evidencia sus pies de barro y raídas vestimentas por la luz de la razón, los dioses se han alejado de tí. Los dioses…esos mismos con que los mayores aterrorizaban tu sueño o ponían como freno y muro a lo que natural y bestialmente se manifestaba. Ya no. Nunca más su rehén.

         Giras la cabeza hacia el ahora, y das un vistazo efímero pero profundo —abarcando más de lo que quisieras, cierto— desde el momento presente y no entiendes, no logras entender el cómo pudiste. Cómo pudiste…

        Te sientes terriblemente solo. Sabes que una vez  tu impulso vital se detenga, el aliento deje de fluir y tu sangre se enfríe, morirás y nada más que el recuerdo de lo que fuíste quedará en los corazones de aquellos que alguna vez te quisieron. Pero el amor por ellos ya no será. Se habrá también  extinguido junto contigo en el momento en que como ahora —relámpago entre las  nubes— surge la certeza que sí, que ahora sí, y que ello es definitivo e irrevocable. Todo lo que sentiste, todo lo que viste y todos los placeres que experimentaste se acaban contigo. Terminan aqui y ahora con la consciencia de tí mismo. Cuando  tu luz y las luces del mundo se apaguen, desaparecerás en las sombras para siempre.

         Pero a fin de cuentas ¿Qué más que un miserable grano de polen es cada uno de nosotros? piensas desvalido, inerme, ante la inmensidad del vacío por las certidumbres adquiridas.  No hay consuelo, ni remordimiento, ni piedad. Sólo miedo. Miedo al dolor de entender que no habrá nada más. Que fué y será mentira que  haya un lugar donde te encontrarás con los que partieron antes que tí para sentarse a la mesa de Dios o los dioses y que aquéllos te esperan sonrientes, animándote, con los brazos extendidos y copas rebosantes en sus manos. Tampoco podrás esperar a los que has conocido y que partirán después que ti, y  que en su caso como en el tuyo es lo mismo: sólo que ellos no lo saben.

          ¡ Era tan consolador, creer!

        En el descuento, miras tu vida y te preguntas si habrás sido un digno habitante de este suelo sobre el cual te tocó vivir, esperar, confiar y morir; si en definitiva, mereciste beber el agua de sus ríos y respirar el aire de campos y montañas que tus plantas tocaron. Quisieras creer que sí, porque también ahora sabes — y saber no es lo mismo que creer— que nadie más que tú eres tu juez y  jurado. Estás respondiendo por tí y ante tí de tus hechos y omisiones. No hay castigo ni premio más que la vida misma. Y de ella nada puedes llevarte, todo queda acá, a este lado. Tu cuerpo será ofrenda para las hordas de creaturas que quieran aprovechar algo de él. Tal vez sea lo justo, después de todo.

       Sólo sombras, nada más que sombras y la certidumbre abrumadora de que no hay vuelta atrás y que todo lo que pudo hacerse, fué hecho o esquivado y los resultados están aquí, gusten o no. En este trance todos somos iguales. Y cuando seas olvidado, cuando la prole de tu prole ni siquiera se imagine que alguna vez fuíste —y lo que fuíste— que de alguna manera eres también parte de ellos, habrá concluído el ciclo.

       Todos, cada día, ayudamos a tejer el manto de sombras y olvido con que seremos arropados.

        Tienes sed, mucha sed. Un gemido apagado se escapa de tus labios, no puedes mover tu maltrecho cuerpo que se desangra por multitud de heridas. Haciendo un esfuerzo gigantesco intentas mover la cabeza para evitar que la sangre fluya a tus narices y boca. No lo consigues. ¡ Qué no darías por una bocanada de aire …!

     Ragnar Lodbrok Sigurdsson, el rey Ragnar, concluída la batalla y cuando sobre el campo no se escucha más que gritos de  heridos al ser rematados y las risotadas de los demonios bárbaros cumpliendo su feroz cometido, percibe el movimiento del que creía cadáver. Con calma, inexorable, se acerca. No ve más que a un enemigo.  Poniéndole un pié sobre el pecho, indiferente, levanta su espada.

         Sin embargo, cuán breve fué tu deleitoso triunfo, Ragnar, hijo de Sigurd Ring . Antes que los cadáveres de tus enemigos terminaran de corromperse o ser devorados por bestias y alimañas, serías capturado y ejecutado por el rey de los anglos.

© Pangolín Insomne 2022.-

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