DEL SILENCIO Y EL ABANDONO

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Sonidos efímeros, etéreos y omnipresentes como relámpagos en lontananza. Cadencias de sombras entre sombras que agigantan el fragor de hojarasca en mis pensamientos: desarraigados del contenido latiendo con prisa endiablada por proyectarse en alguna acción, descabellada o no.

          Luces, luces y sombras. Sonido, sonidos y silencio, silencio y nada más que el incontenible transitar de líquido por venas y bulbo cefalorraquídeo. Placer en la contemplación interior sin más compromiso que ser el sostén de la vigilia incontenible que pulula por los techos y avenidas —relucientes de lluvia y luna— solitarias, de mi pueblo natal, y la calle que nunca más transitaré.

            Volutas de recuerdo viborean en rededor, tratando de asentarse y materializar el contenido ignorado que les trajo hasta este día y hora.

Adamo cantando «Era una linda flor» desde un rayado vinilo en los salones de la Municipalidad, en esos alocados días de baile mejilla a mejilla y los Green Lions de los 70’s, jugando a ser artistas. Pax requiéscat. Dadme un poco de paz o dadme un mucho de horror y guerra, no me dejéis con la mano abierta… o empuñada, más, ídos.

             Vivir eludiendo el sablazo inmisericorde por lo calculado de los acontecimientos, ora aleatorios y ora exactos como dos y dos son tres según aseguraba Cassandra. Montarme en lo insondable de un destino en el que nunca creí y sin embargo me tomó como rehén y cómplice; emprender un viaje que, empero, no será ni el definitivo ni el último, porque tampoco alcanzó a ser el primero. Vivir aprendiendo. Vivir aprendiendo a olvidar lo inútil, fatuo y vacío. Aprendiendo a olvidar rostros, situaciones y, resumiéndolo todo, abarcándolos a todos, personas. Depositarlas con algo de amor y dedicación en el baúl del semiolvido, alojarlas allí para evitar que, involuntariamente, de alguna manera, mi cercanía por alguna razón les pueda hacer daño. De buena persona a mal bicho hay sólo un delgado hilo como frontera, alguien dijo alguna vez -o puede ser que sea sólo imaginación mía- en todo caso, no hay manuales ni folletos que homologuen su cualidad de tal.

               Salto al vacío desde la azotea de la razón cual acróbata demente o drogado. Fumarola de zinc, nitratos, nitritos y aldheídos formando una malla invisible que apisona los alvéolos, ocupando el espacio dedicado al frío saludable y entrañable aire de mis años en el austro: ramalazo algodonoso de un recuerdo que se desvanece para siempre jamás dejando sólo una pequeño charco de melancolía no resuelta.

© Pangolín Insomne 2022.-

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